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Esa sensación. Si, ya sabes. Esa sensación. Espera... ¡ESA!
Esa fue con la que me sentí bien. Porque ¿Qué es la vida sin esas sensaciones? ¡NADA! No le han puesto nombre porque se presenta de distintas maneras y en diferentes momentos. Solo hace falta que sepas que dura unas milésimas de segundo y que hace que te sientas... diferente. Puede pasarte con algo increíble, con la mejor noticia del mundo después de un día horrible, con un abrazo de alguien a quien no ves desde hace mucho tiempo, con el beso que llevabas tiempo esperando. Puede pasarte con la cosa más insignificante, con una media sonrisa, con una mirada, con una mano en tu espalda... Pero TIENE que pasarte al menos una vez en la vida. Porque es... ¿Cómo explicarlo? Te recorre todo el cuerpo a la vez, tu corazón se infla y por un instante tu cerebro deja de darte ordenes para poder disfrutar. No es igual que la felicidad, que la esperanza, que la alegría. Es distinto. Es más especial que todo eso junto. Dura tan poco que podrías olvidarla y por eso es tan especial, tan única. Es toda la felicidad de un año en unos milisegundos. No tiene nombre y yo, por mi parte, no quiero que se lo pongan. Porque aunque suene a la típica frase profunda y sin sentido, es una sensación demasiado compleja como para reducirla a unas cuantas letras.