La tranquilidad era absoluta. Silencio y después más silencio. En frente, un mar de nubes. A los lados había flores. Sus piernas estaban suspendidas en el precipicio. Estaba sentada justo en el borde, con su guitarra. No parecía asustada. Se sentía más libre que nunca. El viento helado por la altura la incitaba a que se fuera de allí, se metiera en la casa y se tomara un chocolate caliente. Pero el frío no le importaba, disfrutaba con él. Las notas quedaban olvidadas en aquel pequeño fin del mundo. No quería recordar aquel momento, simplemente quería disfrutarlo.