10 nov 2011
Me caí, me dolió, me curé y me fui al cine.
Todos nos equivocamos, pero todos. ¿Es malo? No, por dios... Si siempre hiciéramos las cosas bien la vida no tendría nada que ofrecernos, no tendríamos nada que aprender. Si fuéramos marionetas que se rigen por unas normas, si siguiéramos el mismo tipo de vida los unos y los otros; una vida saludable, satisfactoria, cómoda y educativa, esto, todo este tinglado que se ha montado al que llamamos "mundo" no tendría sentido. La vida no sería vida. Nada ni nadie nos sorprendería nunca, no nos alegraríamos cuando se acaba una pesadilla, no podríamos pasar una tarde debajo de una manta y viendo la tele con un catarro descomunal, no habrían reconciliaciones, ni besos de disculpa, no aprenderíamos a valorar realmente lo que tenemos, nunca estaríamos hasta la una de la mañana estudiando para un examen. Si la vida no tuviera su cara mala, no existiría una buena, solo una aceptable. Y ahora te pregunto, Pequeño Saltamontes: ¿Qué clase de vida quieres vivir? No me respondas todavía, piénsalo... Solo tienes una oportunidad, no vas a poder vivirlo todo de nuevo.