Lo más bonito que me han dicho no ha sido "te
quiero", no ha sido "te echo de menos", ni "lo eres todo para mi". "¿Te quiero?" Dos
palabras que juntas pueden tener miles de significados distintos, pero que
siempre van unidas al amor, a la ternura, al cariño. “Te echo de menos”… La
distancia hace que no pensemos con racionalidad, nos hace desear y añorar, pero
son sentimientos manipulados por la incontrolable impaciencia que nos entra
cuando no tenemos lo que queremos. “Lo
eres todo para mí” Sí, es hermoso… saber que para otra persona lo eres todo
equivale a un chute de adrenalina, a una sonrisa bien grande, a una hinchazón de
pulmones, a un subidón de autoestima. Saber que existe alguien capaz de
decirte: “Tú eres la cosa que más vale la pena de entre todas las que hay en mi
vida” es razón suficiente como para sentirse realizado, como para querer
superarse.
Lo más bonito que me han dicho nunca, sin embargo,
no tiene que ver con la ternura, ni con la distancia. No tiene que ver, ni tan
siquiera, con la felicidad que te produce el significar algo para alguien.
Lo más bonito que me has dicho me lo dijiste casi
sin darte cuenta, al final de una larga frase sin comas: “…sino solo por saber
que podría estar contigo muchísimo tiempo”.
Es el tiempo y lo que hacemos con él lo que
importa. Cuando nacemos pulsamos sin darnos cuenta el botón de un reloj que
inicia la cuenta atrás de nuestra vida, las horas que nos quedan, un reloj que
suma los minutos que ya hemos vivido.
Saber que quieres gastar tu tiempo conmigo es la
cosa más bonita que podrías haberme dicho. Y sí, yo también quiero aprovecharlo contigo.