
Sonreí. No había nadie mirándome. No había ningún espejo para verme. Aún así, sonreí. Porque tenía ganas, porque lo necesitaba, porque no lo pude evitar. Quince minutos después y seguía sonriendo. ¿Y qué? Sí, me sentí dichosamente feliz. Porque por milésima vez me dormí sin saber que es lo que debía hacer, pero sin embargo, eso no me asustaba, al contrario, me alegraba. No tener ni idea de que es lo que voy hacer hizo que me sintiera expectante.
"Sonríe, contigo venceré siempre al tiempo que es mi enemigo."