- Es por tú bien, ¿lo entiendes, verdad?
¿Qué vas a hacer? Está ahí mirándote sonriente como si tú fueras de plástico y no te importara nada de lo que te dice. Para ella tú no sientes. Pero no estás preparada para una discusión. Sonríe, sino será peor. Haz como siempre y aguántate, sonríe, sonríe y di que sí.
- No
Mierda.
-¿Cómo has dicho?
- He dicho que no. No lo entiendo, no estoy de acuerdo, pienso de una manera completamente opuesta y no tengo en mente cambiar de opinión.
- No sabes lo que dices. Anda, vete a tu casa y piensalo mejor.
- No. ¿Perpleja, verdad? Siempre has creido que haría lo que dijeras, que aceptaría tus disculpas una y otra vez. ¿Sabes qué? Ya me he cansado, no tienes razón.
La que te va a caer, pequeña. Como narradora debería aconsejarte que te disculparas y te fueras sin rechistar, bueno como narradora buena y aplicada. Pero como persona, solo tengo una cosa que decir... ¡Ole, Ole y Ole! Bien hecho, pequeña.
- ¡Ten cuidado con lo que dices!
- ¡Tenlo tú con lo que haces!
- Se acabó.
- Exactamente, se acabó, para siempre. ¿Sabes como me siento?
- ¿Arrepentida?
- ¡LIBRE!
Bien hecho, pequeña.