20 jun 2011

Plástico, así, dicho con asco.

Tengo ganas de dormirme, de no escuchar a nadie más. ¿Será porque ya va a acabar el curso? Estoy harta de todo, nada me sorprende, no tengo ilusión. Eso, eso: Nada consigue hacerme ilusión últimamente. Claro, sé que tenemos nuestros días buenos y nuestros días en los que creemos que el sol brilla más en otra parte del mundo. Lo sé, pero es que miro a mi al rededor y no me gusta lo que veo. Hay cosas que siempre me han gustado, personas con las que sigo como siempre o mejor. Pero otras... Dios! ¿Seré yo la que ha cambiado? Creo que estoy rodeada de plástico (para aquellos que no sepan a qué me refiero con eso de "plástico": plástico son las américas, plástico es un todo a cien, plástico es una persona obsesionada con su físico, plástico es la nieve de mentira, plástico es una casa llena de adornos de navidad...). Necesito gente nueva, completamente nueva, necesito sitios nuevos, entretenimientos nuevos. ¿Será está calima permanente? No me apetece quedarme en casa, pero fíjate, he estado el jueves, el viernes, el sábado, el domingo y el lunes en mi casa. Todo el rato pensando: ¿Salgo?, ¿Con quién?, ¿Ahora?, ¿Lo tengo que organizar yo?, ¿No puede llamarme nadie a mi para quedar? Viene el verano, eso me repito cada dos por tres: "ya viene el verano". Y sí, mañana mismo me voy a la playa, a tomar sol, con unas gafas, unos cascos y una cara de tranquilidad, sin forzar ninguna sonrisa. Esa es otra. ¿Cuántas sonrisas falsas habré tenido que soltar en estas últimas semanas? No, no, no, ¡NO ME HACÍA GRACIA! Sonreía por educación, por sentir que permanecía a algún sitio, por no marginarme. Pues claro que me he reído, yo no aguanto sin reírme tanto tiempo. Me he reído con mis padres y mi hermana, con algún amigo o alguna amiga, con alguna película, con algún libro. Nunca tocas fondo ¿verdad, Tere? Siempre estás bien, feliz, siempre pareces tenerlo todo claro, nunca te falta alguien a quien contarle tu vida. Pues mira, Tere, tú siempre has sabido como te sientes, has sabido lo que pasaba detrás de cada sonrisa, cada lágrima y cada carcajada, pero puede que haya llegado el momento de que los demás también se den cuenta, que empiecen a fijarse. ¿A dónde quiero llegar? No lo sé, supongo que al principio de todo este embolado: Tengo ganas de dormirme, de no escuchar a nadie más.