20 jun 2011

Todos los caprichos acaban rompiéndose.

No sé, puede que ya no funcione...  Puede que haya sido demasiado tiempo, o puede que no hayan sido suficientes detalles. No lo sé, voy a seguir intentándolo, yo contra el mundo ¿recuerdas? Voy a seguir apretando tuercas, limpiando el polvo, puliendo piezas. Pero en el momento en el que el motor se pare, lo dejaré completamente de lado. No lo tiraré a la basura, lo volveré a armar una última vez, lo pondré bonito y lo meteré en una vitrina con un cartelito que ponga: "recuerdos". Por supuesto, no estará arreglado. Será un recuerdo roto,  se rompió, pero de todos modos... cada vez que mire mi vitrinita pensaré que hubo un momento en el que tenía un maravilloso resplandor, hubo un momento en el que me encantaba mirarlo, tenerlo y, sobre todo, ser el motor que lo hacía funcionar.

Hasta entonces, seguiré apretando tuercas, limpiando el polvo, puliendo piezas.