¿Quieres que me vaya?
No, quédate aquí.
¿Qué quieres que hagamos?
Nada.
¿Durante cuanto tiempo?
El que haga falta.
¿El que haga falta para qué?
No lo sé.
¿Entonces cuando empezamos a hacer algo?
Cuando me apetezca hablar.
¿Y cuando será eso?
Todavía no.
¿Y yo que hago mientras no hacemos nada?
Calla, ahora no quiero hablar.
Eres insoportable.
...
Está bien, quedémonos en silencio un rato largo, me pondré a pensar en lo insoportable que te pones cuando no tienes ganas de nada. Así que no te molesto más, sigue con tu nada.
Te quiero.
¡Ah! ¿Ya podemos hablar?
Sí.
Pues a mí ya no me apetece.
¿Quieres que me vaya?
No, quédate aquí.
¿Qué quieres que hagamos?
Nada.
¿Durante cuanto tiempo?
El que haga falta.
¿El que haga falta para qué?
No lo sé.
¿Entonces cuando empezamos a hacer algo?
Cuando te des cuenta de que si estás triste no tienes por qué cerrarte en banda al mundo y reflexionar en silencio, puedes intentar estar mejor sin buscarle un sentido a tu tristeza.
¡No tenía ganas de hacer nada!
¡No tenía ganas de hacer nada!
Pero si hubieras hecho algo te hubieras animado y hubieras seguido haciéndolo.
No quiero cerrarme en banda al mundo.
No lo hagas.
¿Qué hacemos?
¿Qué te apetece hacer?
No decir nada.
¿Cómo?
No me apetece hablar...
Sigues igual.
...me apetece besarte.
No quiero cerrarme en banda al mundo.
No lo hagas.
¿Qué hacemos?
¿Qué te apetece hacer?
No decir nada.
¿Cómo?
No me apetece hablar...
Sigues igual.
...me apetece besarte.
[...]
Sonrisas a ambos lados del sillón.
[...]