19 nov 2011

Entrada número 100.

Haré referencia al título, a esas tres palabras que están allí arriba, palabras que surgieron de una entrada que escribí en mi primer blog. Esa entrada iba de... bueno, mejor la lees tú mismo/a:


Lo mira, la mira.

No es un sueño, es real. No se conocen, al menos estrictamente hablando, ya que parece que los dos supieran lo que piensa el otro solo con mirarse. Ahí hay química y los dos lo saben, pero ninguno se atreve a acercarse. Sí, los dos creen saber lo que piensa el otro pero y si no es eso exactamente, ¿y si se acercan no habiendo entendido para nada las intenciones del otro? Quedarían tan pero que tan mal. Solución: no acercarse.

Lo mira, la mira.

Comparten milésimas de segundo cada vez que se ven, sueñan con esas miradas pero no hay más, solo sueños.

Lo mira, la mira.

Un día, inevitablemente hablan, pero sobre una tontería, los dos están con amigos y los demás también forman parte de la conversación. No es como ninguno habría querido que fuera su primera vez que hablan, pero aún así, han llegado a compartir segundos. Ambos piensan en el sueño que tendrán esa noche, un sueño más largo de lo habitual, pero siguen siendo solo sueños.

Lo mira, la mira.

No llegarán a nada y lo saben. No por vergüenza, ni timidez sino porque tienen demasiadas cosas en contra y ninguna a favor.

Lo mira, la mira.

Pasan los días, los meses... No importa que uno esté abrazado a otra persona en ese momento, o que incluso uno de los dos este todo el rato con una persona del sexo opuesto, no importa porque aunque al otro le estén comiendo los celos, se mirarán, como tantas otras veces. Se mirarán y volverán a compartir esas preciadas milésimas de segundo. Porque es distinto, no es una simple atracción la que ejerce el uno sobre el otro, es química, puede que si hablan hasta se caigan mal, puede que no les guste la forma de actuar o de pensar del otro, pero eso no importa, eso no interferirá en sus miradas.

Lo mira, la mira.

Es tan difícil que alguien los entienda que se quedan callados. En realidad podrían hablar de esas miradas con alguien pero no quieren. Esas miradas son suyas, es parte de cada uno de los dos. Quieren que sea un secreto, no necesitan compartirlo, quieren que sigan siendo especiales. Esas milésimas de segundo en las que sus miradas se cruzan les pertenecen a ellos, nada más.

Lo mira, la mira.

Ella lo comprende antes que él, un día, en una noche igual a las demás en la que está pensando en su mirada comprende que no son solo sueños, ¿quién fue el qué dijo que las miradas no significaban nada? Sí, es verdad, solo comparten milésimas de segundos pero son más reales que muchos de los "te quiero" dichos a lo largo de la eternidad. No necesitan hablar, no necesitan tocarse ni sonreírse, solo mirarse.

Lo mira, la mira.

Y esa mirada basta para que él sepa que ella piensa en él, todos los días y todas las noches, para que ella sepa que él está pendiente de sus movimientos.

Lo mira, la mira.

No comparten un amor oficial, pero se quieren, se miran.

Lo mira, la mira.

Nadie les podrá quitar jamás esas miradas

Lo mira, la mira.

Son más que miradas, es más que tiempo.

Lo mira, la mira.

Son milésimas de segundo.

Se miran.


La escribí hace dos años. Es curioso, porque cuando leo algo que escribí hace mucho tiempo no me gusta. Pienso en que esta mal escrito, o que es demasiado dramático, o cursi, o hueco, o sentimental... Y, sin embargo, esta entrada me gusta tal y como es. Sí que la podría reescribir porque hay cosas que no me acaban de convencer, seguramente quedaría mejor, pero no lo haré porque la escribí pensando en lo que escribía. Mientras tecleaba lo revivía todo en mi mente, y eso ahora no va a pasar... o por lo menos no tan nítido. Mis palabras no tendrían la convicción suficiente para que se entienda que lo que cuentan es real. Fue real. Todo ha cambiado, por supuesto. Pero se siguen mirando. Sí, aunque parezca mentira, se siguen mirando. Todo ha cambiado vuelvo a repetir, las miradas han cambiado. Pero el hecho es que existen, no se han ido.
Siguen compartiendo milésimas de segundo, nada ni nadie podría quitárselas.