-¡¡Mamá vamos a bañaaaarnos!!- implora el más grande de los
tres.
-Qué no, Jorge, qué el agua está sucia.
Pobres niños, reducidos a la voluntad de una madre muy poco
comprensiva. A 31 grados llega el mercurio del termómetro, y parece no afectar a cuarentonas ya menopausicas.
-¡Mamá hace caloooor! ¡A la playa se viene a bañarse!- grita
el niño desesperado, dando vueltas alrededor de las toallas, como si quisiera marear a su madre para que entre vaivenes de sangre cediera ante su propuesta.
La pedante progenitora lo ignora y sigue poniéndole crema en las piernas
al más pequeño, que corretea desnudo por la playa al son de I want to break free.
“Esta mujer es subnormal” pienso yo desde mi idílica toalla que, paradójicamente, muestra unos pequeños ratoncitos jugando en el agua. “Qué está sucia dice, pues no ve que está en las Teresitas, ¿Cuándo no hay
porquería en la orilla yendo hacia delante y hacia detrás? Pero tan solo hay que pasar esa fina barrera, mirando hacia el horizonte de rocas mal colocadas".
-Jorge, ponte a jugar con el cocodrilo con tus hermanos y
déjalo ya.
El niño, refunfuñando, haciendo una serie de hincapiés que desearía que fuesen más sonoros pero lamentablemente tan solo dejan profundas huellas en la arena, se dirige hacia la bestia hinchable y se tira en plancha sobre ella. El lloro es inmediato, grita rojo de rabia, frustrado a más no poder. Esto no
hubiera pasado si su madre le hubiese dejado mojar el cocodrilo en la orilla.
-Mamá, ¿y si no nos mojamos la cabeza podemos?- Interviene
el mediano, que nota como la calima se adhiere a sus pulmones.
- Bueno, vale, pero sin mojarse el pelo, eh.
Los pequeños, contentos, van hacia el agua con dos grandes
sonrisas y muchas ganas de empezar de una vez su día de playa. El mayor, sin
embargo, los observa con lágrimas en los ojos desde detrás del cocodrilo.
- Jorge, ¿no vas con ellos?-
¿Ademán de amabilidad con su hijo? No, ni tan siquiera alza la vista de su libro.
¿Ademán de amabilidad con su hijo? No, ni tan siquiera alza la vista de su libro.
- ¡YA NO QUIERO!- Grita el niño, con la barriga roja y el cuerpo cubierto de arena seca.