-Mamá, ¿qué habrá mañana de comer?
-Un buen tazón de leche fría por la mañana, migajas de pan con queso al mediodía y unos cuantos cuentos de cena.
-Mamá, tengo hambre...
-¿Hambre? Glotón, si hoy te comiste cuatro cuentos de la chica del parque, un chiste de aquel heladero, seis comentarios raros de señores al pasar por tu lado y seis explicaciones mías sobre a qué se referían.
-Ya, pero eso no me llena la barriga, mamá...
Cansada, agotada por un duro día de caminar sin descanso para encontrar un lugar dónde pasar la noche, mira a su hijo. Suspira, se le llenan los ojos de lágrimas y las quita con las mangas de su abrigo de lana. Sonríe y dice:
-Si te llenas la cabeza de ideas útiles, si aprendes seis cosas diferentes cada día, dentro de poco podrás utilizarlas para llenar tu barriga.
El niño lo piensa, le gusta la idea a pesar de ser demasiado abstracta para entenderla del todo. Pero el hambre sigue... siente las paredes de su estómago, el hueco que entre ellas queda lleno de aire, se aprieta la barriga, y no se consuela con el tazón de leche del día siguiente sino con qué seis cosas sobre el mundo descubrirá mañana. Su madre, a su lado, tapándolo con bastas mantas, suelta aire de golpe. "Solo un segundo -se promete-, solo me voy a permitir ser débil por un segundo". Inspira rápido acercándose al pelo de su hijo, impregna sus pulmones de su olor a niño y cierra los ojos.